Ese día, en Núremberg, el régimen nazi aprobó un conjunto de leyes que pasarían a la historia como las Leyes de Núremberg.
Redactadas en apenas dos días y promulgadas a petición expresa de Hitler, entraron en vigor inmediatamente, el 16 de septiembre de 1935. Estas leyes convirtieron en norma jurídica el odio racista y antisemita que sustentaba la ideología nacionalsocialista.
Su propósito era claro: Despojar a las personas judías de la condición de ciudadanos alemanes.
Arrebatarles derechos civiles, políticos y sociales.
Señalarles y apartarles como un grupo “diferente” y “enemigo interno”.
Las Leyes de Núremberg fueron el primer paso legal hacia la persecución sistemática que culminaría en la Shoá, el exterminio de millones de personas judías. Sirvieron como soporte jurídico para legitimar la discriminación, la exclusión y, finalmente, la violencia.
Recordar este episodio de la historia no es un simple ejercicio de memoria: es un llamado a la conciencia democrática.
Porque el odio no comienza con la violencia, sino con las palabras, con los discursos que deshumanizan, con las leyes que discriminan.
Hoy, más que nunca, debemos reafirmar nuestro compromiso: Stop Racismo
Stop Antisemitismo
Nunca más a la intolerancia y la exclusión
La memoria es la mejor herramienta para construir un futuro donde la dignidad, la igualdad y los derechos humanos universales sean inquebrantables.
